Introducción:
Henri Bergson (1859-1941) cuya obra filosófica es una de las más importantes del siglo XX, se constituye, como uno de los grandes pensadores del siglo pasado. Con él, inicia una nueva doctrina filosófica totalmente original, tómese sólo como ejemplo el hecho de que es autor de una teoría de la evolución basada en la dimensión espiritual de la vida humana, algo completamente nuevo en su género. Por ello, al hablar sobre él, debemos andar con suma cautela y profundo cuidado, al no hacerlo podríamos traicionar su palabra. “Escribir sobre Bergson, usar la palabra sin traicionarlo, es casi un imposible, porque para él la misma palabra es traición, es distancia entre lo real y lo dicho”[1]. Pero a pesar de ello asumiremos los riesgos, bien vale la pena repensar lo que este filósofo y escritor francés ha dicho.
Su pensamiento es tan importante en la actualidad, que se hace una referencia necesaria en nuestro reflexionar presente, debido por una parte, a lo singularísimo de su reflexión, pero también por la gran influencia que ha ejercido sobre múltiples disciplinas. El pensamiento bergsoniano, “señala una fecha que la historia no olvidará; abre una fase del pensamiento metafísico; establece un principio de desenvolvimiento cuyo límite no sabríamos fijar; y, después de una fría reflexión, con plena conciencia del valor exacto de las palabras, puede declararse la revolución que ella opera, igual en importancia a la revolución kantiana o a la misma revolución socrática”[2]. Su filosofía es muy especial, en ella podemos ver el desarrollo del rigor científico. No podía esperarse menos, de un hombre que atento a los avances de la ciencia de su tiempo, forja él mismo, un pensamiento de semejante talante crítico.
Critica especialmente el pensamiento de Kant, a tal grado que llega a constituirse como un auténtico anti-kantiano, y está dispuesto a defender su posición hasta sus últimas consecuencias. Uno de los temas en el que disiente del pensamiento kantiano, es el de la razón, mientras que Kant nos habla de la finitud y por ello mismo de los límites de la razón, Bergson no está dispuesto a asentir ante tal afirmación kantiana, porque hacer eso, sería tanto como fijar precisamente, un límite a la razón, es decir, encadenarla. Esta apertura de Bergson, nos permite hablar sobre Dios. Pensar o hablar sobre Dios en Kant, sería, un pensamiento ilegítimo, no tendríamos la capacidad de pensarlo, por escapar a los límites propios de la razón.
La evolución creadora y Las dos fuentes de la moral y de la religión:
Para hablar de la concepción que Bergson tiene de la divinidad, debemos remitirnos fundamentalmente a dos de sus obras más sobresalientes, en primer lugar, La evolución creadora, publicada en 1907, donde exploró el problema de la existencia humana y definió la mente como energía pura, el élan vital o ímpetu vital, responsable de toda la evolución orgánica ulterior. La otra aparece a la luz, después de serle otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1927, publicada como Las dos fuentes de la moral y de la religión en 1932, ahí relacionó su propia filosofía con el pensamiento cristiano de corte católico, y su última obra, El pensamiento y lo moviente en 1934. Pero para los fines de nuestra reflexión, sólo nos ocuparemos de las dos primeras obras, donde desarrolla su idea de Dios.
Cuando aparece La evolución creadora, levanta una polvareda dentro del cristianismo, especialmente en el catolicismo. No era para menos, dadas las concepciones que ahí sostenía Bergson, acerca de la divinidad. En esta primera obra “Bergson habla de la divinidad como ser creador. De Dios proviene la materia inerte, la vida y el espíritu. Todo surge del mismo origen, por un mismo movimiento creador aparecen resultados opuestos. Dios es presentado como vida y libertad”[3]. Su obra es incluida en el índice, por la visión que sostiene acerca de Dios, ya que identifica a éste, con el impulso vital. Además, en el bergsonismo Dios es libertad, lo cual significa que él hace algo nuevo que emana de sí mismo, y al ser libre, Dios mismo se está haciendo, se encuentra en un incesante movimiento, en un constante cambio. Por ello, la libertad, es una novedad, porque crea algo nuevo. De su propia visión de la divinidad Bergson dirá: “Dios, definido así, no tiene nada de acabado; es vida incesante, acción, libertad”[4].
Bergson no niega nunca, la realidad de Dios, como ser creador. De hecho, dado que Dios es libertad, su obra es producto de esa libertad que siempre y en todos los casos, crea algo nuevo. “La creación, concebida así, no es un misterio, la experimentamos en nosotros cuando actuamos libremente”[5]. Para él, la creación no tiene porque ser algo escondido u oculto, Bergson propugna por hacer surgir el acto de pensar la creación como una evidencia experimental despojada por completo de algún tipo de misterio. Este Dios creador, identificado con el impulso vital, “no procede a la manera de una bala de cañón que describe una trayectoria simple en dirección de su objetivo. ‘Aquí nos las habemos con una granada –dice- que estalló en fragmentos que, siendo ellos mismos especies de granadas, estallaron a su vez en fragmentos destinados a estallar todavía, y así sucesivamente durante muy largo tiempo’”[6]. Dios se constituye así, como el auténtico creador de todas las cosas.
Mientras tanto, en Las dos fuentes de la moral y de la religión, Dios es definido, como “vida que no muere”. Esta última obra es producto también de una transformación o revolución religiosa de Bergson mismo. En ella rompe con el judaísmo y se acerca al catolicismo. Aquí introduce la idea de que “quienes llegan a sentir la divinidad son los místicos quienes simultáneamente están contagiados del principio divino y no sólo son seres contemplativos, sino personas prácticas, activas, que cambian su entorno. Los místicos ya son Dios”[7]. De hecho, Bergson situará el misticismo dentro de la evolución creadora, de tal suerte que el místico mismo, “debe proporcionar el medio para abordar de alguna manera experimentalmente el problema de la existencia y de la naturaleza de Dios”[8]. La tarea de los místicos, no es tanto demostrar la existencia de Dios, sino mostrarla a través de sus vidas y acciones. Bergson resume así la tarea de los místicos:
Dios es amor y es objeto de amor: toda la aportación del misticismo está ahí. De este doble amor el místico no acabará nunca de hablar. Su descripción es interminable porque la cosa a describir es inexpresable. Pero lo que dice claramente es que el amor divino no es algo de Dios: es Dios mismo. (...) Los místicos son unánimes al testimoniar que Dios tiene necesidad de nosotros, como nosotros tenemos necesidad de Dios. ¿Por qué tendría él necesidad de nosotros sino para amarnos?... La creación... aparecerá como una empresa de Dios para crear creadores, para asociarse con seres dignos de su amor.[9]
Hasta aquí, algo de la concepción bergsoniana de la divinidad. Como podrá ya apreciarse, es una concepción que aunque revolucionaria, no deja de concordar en muchos de sus aspectos esenciales con el cristianismo. A manera de conclusión, a continuación, presentamos algunas de las tesis que desde el pensamiento bergsoniano se acercan más al cristianismo, no sólo católico, sino también protestante y ortodoxo.
Conclusiones:
En primer lugar el cristianismo, no estaría en desacuerdo al afirmar que Dios es el creador. En lo que no estaría de acuerdo sería en la idea de un Dios en devenir, en cambio constante, ni que él mismo, se está construyendo en el acto de creación, porque ante todo, para los cristianos Dios “es infinito en su ser y perfecciones... inmutable, inmenso... eterno [y] absoluto”[10]. En este aspecto los cristianos no cederían ningún ápice de terreno. Sin embargo, hay otros aspectos en lo que concordarían profundamente con Bergson. Por ejemplo, el de que Dios es amor (1 Jn 4:7ss). Sobre todo en la afirmación de que “amor es Dios mismo”. En esto lo apoyaría plenamente el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, el cual ha hecho notar que en la afirmación Dios es amor, el énfasis ha recaído en amor, cuando lo correcto es enfatizar el Dios es amor. Lo cual permite decir que Dios es el amor.
En Bonhoeffer, para conocer el auténtico amor es imprescindible hacerlo a través de Dios mismo, con lo cual no se podría conocer lo uno, sin lo otro. Igualmente, aunque el místico hable de Dios, su descripción será interminable “porque la cosa a describir es inexpresable”. En este punto, sin duda alguna estaría apoyado por el teólogo reformado Karl Barth. Quien sustentado en Kierkergaard, el cual ha dicho que “Dios desde el principio es lo radicalmente otro”. Por ello mismo, todo lo que podamos decir de Dios, lo dice siempre un simple hombre, todo intento de hablar de Dios, será eso mismo, un intento humano.
Finalmente, la afirmación de que Dios ha creado creadores para asociarse con ellos, puede ser apoyada por el Génesis (1:26-28; 2:5), porque precisamente, es hasta que Dios ha creado al hombre, que puede entrar en su reposo y descansar de toda la obra que había hecho en la creación (2:1-3). Ello, porque ahora ha creado a aquel que puede continuar creando: el hombre. El será el encargado ahora de transformar su entorno, de “labrar y cuidar” la tierra, y al hacer esto, muestra también el ser imagen y semejanza de ese Dios creador. A la pregunta de por qué el hombre es creativo, el pensamiento bíblico responderá que lo es porque el hombre es imagen de Dios, y como tal, está investido de la misma creatividad de ese Dios creador. Bergson en muchos aspectos de su pensamiento no estaba lejos del cristianismo.
Emmanuel Flores-Rojas.
[1] Guerra, Origen, presente y destino del hombre según Henri Bergson, p. 1.
[2] Le Roy, Bergson, p. 13.
[3] Guerra, El concepto de Dios en Henri Bergson, p. 33.
[4] Citado por Barlow en El pensamiento de Bergson, p. 83.
[5] Ibídem.
[6] Ibid., pp. 78-79.
[7] Guerra, El concepto de Dios en Henri Bergson, p. 33.
[8] Citado por Barlow, op. cit. p. 121.
[9] Ibid., pp. 122-123.
[10] Confesión de fe de Westminster, p. 21. (Cfr. La confesión de fe de las Iglesias Reformadas de los Países Bajos, art. 1 y 9, el Catecismo de Heidelberg, resp. 25, 94 y 95, e igualmente el Catecismo de la Iglesia Católica).
Bibliografía:
BARLOW, M., El pensamiento de Bergson, FCE, México, 1968. BARTH, K., Esbozo de Dogmática, Sal Terrae, Santander, 2000. Confesión de fe de Westmister, Libros Desafío-El Faro, México, 1998. BONHOEFFER, D., Escritos esenciales, Sal Terrae, Santander, 2000. GUERRA, M., Cuerpo y alma según Henri Bergson, UAEM, Toluca, 2000. __________, "El concepto de Dios en Henri Bergson" en Pensamiento, órgano de difusión de la Academia de Filosofía de la Facultad de Humanidades, año 6, No. 6, UAEM, Toluca, 2001. __________, Origen, presente y destino del hombre según Henri Bergson, inédito. LE ROY, E., Bergson, Ed. Labor, S.A., Barcelona, 1932.

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