miércoles, 13 de febrero de 2008

PROPUESTA PARA ENSEÑAR A FILOSOFAR

“Programados para aprender”
e imposibilitados de vivir
sin la referencia de un mañana,
donde quiera que haya mujeres y hombres
habrá siempre qué hacer,
habrá siempre qué enseñar,
habrá siempre qué aprender.

Paulo Freire.



La filosofía surge como interrogación frente a los grandes misterios de la vida y del enigma del hombre en cuanto ser humano. En definitiva para enseñar a filosofar no se requiere refundar la filosofía, sino que hay que volver a las fuentes clásicas de ésta. La filosofía griega antigua, todavía tiene mucho que seguir enseñándonos; la vieja consigna de Protágoras de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, cobra mayor significado en la modernidad tecnócrata. Por eso, la pregunta que interroga por el hombre, nos parece que es la pregunta fundamental de la filosofía. La interrogación por el ser del hombre, es una cuestión de primera índole, en cuanto pregunta no sólo antropológica sino sobre todo, ontológica. Así que cuando me empiezo a cuestionar sobre mi propia existencia, sobre mi estar en el mundo, estoy dando cuenta a mi propia consciencia de mí mismo, y al hacer eso, estoy filosofando. De tal forma que la gente filosofa a su manera al interrogarse por sí mismo, entonces, en esa filosofía, yo soy el problema fundamental. Al problematizar sobre mi vida y el significado de ella, estoy asumiéndome como un sujeto epistemológico autocognoscible.

Enseñar a filosofar como toda obra humana será siempre y en todos los casos un intento, pero un intento al fin. En la aparente indefinición en la que se mueve el hombre, éste está llamado a dejar su ignorancia y orientarse hacía la posibilidad de filosofar sobre sí mismo. Por eso, “enseñar a filosofar”, es un trabajo ingente, sobre todo, en este tiempo cuando el hombre contemporáneo pareciera ignorarse a sí mismo, en este proceloso mar oscuro de la vaguedad. Aunque sea difícil, es también el más digno de llevarse acabo. No hay labor más satisfactoria que la educativa, por ello implica asimismo todo el compromiso y el talento del docente. Enseñar a filosofar tiene que ver ante todo, con la educación. Pero, ¿qué clase de educación ha de ser esa, donde el hombre aprenda a filosofar? Habrá de ser seguramente una “educación para la vida”. Es en esta tarea en donde debiéramos estar involucrados, sobre todo, quienes nos formamos en las humanidades. Porque educar tiene que ver primariamente con la construcción de la propia existencia, enseñar a filosofar será el fundamento idóneo para la edificación del resto de los conocimientos. El papel más importante de este tipo de educación es el de ayudar al individuo en su propio proceso de crecimiento, que lo lleve a valorarse como una persona digna per se. “La dignidad del hombre [...] consiste en ejercer la libertad dentro de un cuerpo natural. El hombre es el único ente de la naturaleza que no está limitado por ella, porque puede darse a sí mismo su ser histórico” (Villoro, 2005, p. 29).

El ser humano en cuanto ser histórico, puede ser lo que sea, él tiene toda la potencia de llegar a ser lo que quiera. El antiquísimo lema de Píndaro no podía ser mas pertinente: “Llega a ser el que eres”. Esto es muy importante para nosotros hoy, porque “si algo tenemos que lamentar de nuestra historia, es ese temor de nuestros antepasados –tal vez por efecto de la <>- de no haber sido ellos mismos, sinceramente, con sus cualidades y defectos...” (Ramos, 2004, p. 28) Así, el hombre no se es en acto, sino en potencia, porque es un ser inacabado e indefinido, y aquí se encuentran todas las posibilidades de la enseñanza del filosofar humano. Como el ser humano no está determinado de antemano, “sino que tendrá un lugar y el sitio que él se proponga obtener. El lugar del hombre es la posibilidad de darse un lugar” (Villoro, 2005, p. 27). Pero aunque el hombre no esté limitado por la naturaleza, hay ciertos procesos socio-históricos que lo limitan, y que más allá de eso, lo alienan, como el actual estadio del sistema capitalismo atroz. Si bien, el ser humano no está “determinado” por naturaleza alguna, si está condicionado por procesos histórico-concretos que lo pueden “limitar”, pero nunca delimitar. Porque “el hombre que tiene experiencia de las cosas no participa en absoluto en el mundo. Pues es “en él” donde la experiencia surge, y no entre él y el mundo (Buber, 2002, p. 9). Por eso, el hombre no es un mero ente natural, participa de ella, pero él es más, es un ser histórico y esto es lo que lo separa abismalmente de la naturaleza.[1] Paulo Freire comenta sobre todo lo anterior, lo siguiente:
Es históricamente como el ser humano ha ido convirtiéndose en lo que viene siendo: no sólo un ser finito, inconcluso, inserto en un permanente movimiento de búsqueda, sino un ser consciente de su finitud. Un ser con vocación para ser más que sin embargo históricamente puede perder su dirección y, distorsionando su vocación, deshumanizarse. La deshumanización por eso mismo, no es vocación sino distorsión de la vocación de ser más (Freire, 2001, p. 12).


En el ámbito alienante del neoliberalismo[2] y la globalización en la que nos movemos, resulta todavía más apremiante, la labor educativa de enseñar a filosofar. Actualmente, los intereses del mercado han estado por encima de los intereses de la humanidad, en una inmoralidad que nos llama a la toma de consciencia y de partido. El sistema económico mundial favorece el comercio en pos del lucro por sobre una economía a favor de la vida. La deuda y la corrupción han sumido a muchos países, como el nuestro, en la dependencia de instituciones financieras internacionales expoliadoras. El flujo de capitales con fines especulativos se ha multiplicado por cien, mientras en muchos lugares las familias claman por el pan de cada día. Por eso, enseñar a filosofar, debe encaminarnos hacía una vida de emancipación y prepararnos para la paz, porque sólo el que conoce la libertad puede hablar correctamente de la paz. En situaciones mediatizadas como la nuestra, el trabajo filosófico consiste en la construcción de seres humanos libres. Al educar para la conquista de la libertad, se está enseñando a vivir de forma autónoma y no heterónoma. La educación filosófica tiene que ver entonces, con la antropología, porque el sujeto de la educación es siempre, por la fuerza de la necesidad, el hombre mismo.

Desdichadamente, muchas veces, ese hombre se convierte en un mero objeto, se le cosifica, impidiéndosele un desarrollo pleno, este ha sido precisamente el resultado de una razón academicista-instrumental. “El hecho de percibirme en el mundo, con el mundo y con los otros, me pone en una posición ante el mundo que no es la de quien nada tiene que ver con él. Al fin y al cabo, mi presencia en el mundo no es la de quien se adapta a él, sino la de quien se inserta en él. Es la posición de quien lucha para no ser tan sólo un objeto, sino también un sujeto de la Historia” (Freire, 2005a, p. 53). A través de la invitación al filosofar, el saber hace más libre y mejor al hombre, porque el acceso a la cultura abre a los seres humanos el mundo, les libera de las limitaciones, posibilita su crítica, les dota de las capacidades necesarias para entender y participar en él, los convierte en dueños de su pasado y actores de su presente; en una palabra, conforma la personalidad entera de los sujetos, en cuanto forma de ser y estar en el mundo.

Empero, este horizonte de sentido posibilitado por la enseñanza filosófica, es puesto en peligro constantemente, por la contracultura mediatizada. De ahí que el existir y estar en el mundo, impliquen aprender a vivir de forma completamente nueva, impulsada por una pedagogía antropológica, comprometida con el ser humano todo; ayudándole en la toma de consciencia[3] de todo aquello que lo “sujeta” y que no le permite llegar a ser lo que quiere hacerse; así, la educación basada en el enseñar a filosofar, prepara para la vida propia. A efecto de mostrar la importancia del acto educativo como una cuestión sobre todo filosófica, tomemos la tesis, según la cual no nacemos para nada, sino que nos hacemos para algo. Enseñemos pues, a filosofar, meditando y reflexionando en nuestra propia circunstancia y salvémosla del abismo sin sentido.



Notas:
[1] Si bien, respaldamos lo dicho anteriormente, respecto a la separación entre el “hombre” y la “naturaleza”, es necesario precisar lo siguiente, -a través de lo que Horkheimer y Adorno han hecho notar en Dialéctica de la Ilustración-. “La Ilustración, en efecto, se autodestruye, [...] porque en su origen se configura como tal bajo el signo del dominio sobre la naturaleza. Y se autodestruye porque éste, el dominio sobre la naturaleza, sigue, como la Ilustración misma, una lógica implacable que termina volviéndose contra el sujeto dominante, reduciendo su propia naturaleza interior, y finalmente su mismo yo, a mero sustrato de dominio. El proceso de su emancipación frente a la naturaleza externa se revela, de ese modo, al mismo tiempo como proceso de sometimiento de la propia naturaleza interna y, finalmente, como proceso de regresión a la antigua servidumbre bajo la naturaleza. El dominio del hombre sobre la naturaleza lleva consigo, paradójicamente, el dominio de la naturaleza sobre los hombres” (Horkheimer y Adorno, 2004, p. 30).
[2] La crítica al modelo económico neoliberal, es por demás incisiva en Paulo Freire, porque se han globalizado las inversiones y las ganancias económicas, no así la riqueza. “Contra toda la fuerza del discurso fatalista neoliberal, pragmático y reaccionario, insisto hoy, sin desvíos idealistas, en la necesidad de la conscientización (sic). Insisto en su actualización. [...] El “pasear” goloso de los billones de dólares que, en el mercado financiero, “vuelan” de un lugar a otro con la rapidez de los fax, en su búsqueda insaciable de más lucro, no es tratado como fatalidad. [...] Para mí es una inmoralidad que a los intereses radicalmente humanos se sobrepongan, como se viene haciendo, los intereses del mercado. Continúo alerta a la advertencia de Marx, sobre la necesidad del radicalismo para estar siempre despierto a todo lo que respecta a la defensa de los intereses humanos. Intereses superiores a los de puros grupos o clases de gente. [...] El hambre frente a la abundancia y el desempleo en el mundo son inmoralidades y no fatalidades, como lo pregona el reaccionarismo con aires de quien sufre sin poder hacer nada. Lo que quiero repetir, con fuerza, es que nada justifica la minimización de los seres humanos, en el caso de las mayorías compuestas por minorías que aun no percibieron que juntas serían mayoría. [...] Soy profesor a favor de la lucha constante contra cualquier forma de discriminación, contra la dominación económica de los individuos o de las clases sociales. Soy profesor contra el orden capitalista vigente que inventó esta aberración: la miseria en la abundancia” (Freire, 2005a, pp. 54, 56, 96, 97, 99).
[3] Freire introducirá el término concienciación, como aquel proceso a través del cual el ser humano, no como receptor sino como sujeto de conocimiento, alcanza conciencia de la realidad histórico-social que conforma su vida y de su capacidad para transformarla.




Bibliografía:


Buber, M. (2002) Yo y tú, Buenos Aires: Nueva Visión.
Freire, P. (2005a) Pedagogía de la autonomía, 10ª ed., México, D. F.: Siglo XXI.
_______ (2001) Política y educación, 5ª ed., México, D. F.: Siglo XXI.
Horkheimer, M. y Adorno, T. W. (2004) Dialéctica de la Ilustración, 6ª ed., Madrid: Trotta.
Ramos, S. (2004) El perfil del hombre y la cultura en México, 43ª reim., México, D. F.: Colección Austral.
Villoro, L. (2005) El pensamiento moderno: filosofía del Renacimiento, 5ª reim., México, D. F.: FCE-El Colegio Nacional.

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